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Austerra Society | “De la intención a la gestión”: el papel de las alianzas público-privadas en la protección de los ecosistemas

  • Publicado el 01.07.2026
  • Escrito por Angel Fondon

En un escenario marcado por el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la creciente presión sobre los ecosistemas, la conservación se ha convertido en un desafío que requiere la participación de múltiples actores. Cada vez más, las alianzas entre instituciones públicas, organizaciones privadas, fundaciones y comunidades aparecen como una estrategia capaz de generar soluciones sostenibles y de largo plazo.

 

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Chile cuenta con diversas experiencias que muestran el potencial de este modelo colaborativo, impulsadas por organizaciones como las fundaciones ligadas al legado de Douglas Tompkins, proyectos de conservación apoyados por empresas privadas, y programas desarrollados junto a municipios y gobiernos regionales. Todos estos han demostrado que la protección ambiental puede fortalecerse cuando distintos sectores trabajan con objetivos comunes.

Desde Fundación Cosmos (@fundacion_cosmos), organización dedicada a la restauración y conservación de ecosistemas, sostienen que estas alianzas permiten abordar desafíos que difícilmente podrían resolverse de manera aislada. Según su director ejecutivo, Diego Urrejola, “las alianzas público-privadas permiten que la conservación pase de la intención a la gestión”.

La importancia de esta colaboración radica en que cada actor aporta capacidades distintas. Mientras el sector público entrega respaldo institucional, planificación territorial y continuidad administrativa, las organizaciones privadas y de la sociedad civil pueden aportar experiencia técnica, innovación y capacidad de ejecución. A ello se suma el conocimiento que poseen las comunidades locales sobre los territorios que habitan.

«Una alianza bien diseñada reúne lo que muchas veces está disperso”, añadió Diego Urrejola. En su visión, el Estado aporta legitimidad, las organizaciones contribuyen con capacidades técnicas y las comunidades entregan memoria, arraigo y conocimiento del territorio; elementos fundamentales para generar impactos reales y duraderos.

Los beneficios de este modelo van más allá de la protección de especies o paisajes. La colaboración entre distintos actores permite fortalecer programas de educación ambiental, mejorar la gestión de áreas protegidas y promover una mayor participación ciudadana. También facilita la generación de aprendizajes que pueden replicarse en otros lugares del país.