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El Mercurio || Impacto Natural

  • Publicado el 13.09.2026
  • Escrito por Angel Fondon

La capacidad que tiene la naturaleza de sanar se hace latente en estos jardines que han marcado una diferencia en la experiencia de sus usuarios. Dos espacios escolares y un hospital que han generado cambios en el aprendizaje, el bienestar y la salud en general, a través de diseños que involucran recogimiento, propician el movimiento, apelan a los sentidos y, sobre todo, conectan a las personas con los beneficios de la vida al aire libre.

Jugar en el bosque.

Entre árboles nativos, pasarelas de madera y lomas dinámicas hechas a partir de cilindros de cemento, este patio aporta todo tipo de beneficios a los alumnos de los primeros años de educación básica del Santiago College. La Fundación Patio Vivo estuvo a cargo de intervenir este espacio que por muchos años fue un sitio perimetral sin atractivo y con una pendiente a la que no se podía acceder, con un nuevo diseño que propicia el movimiento, la exploración, la reflexión, el juego libre y el aprendizaje. ‘Buscamos transformar las dinámicas de los recreos para que sean momentos activos, de relación con la naturaleza, y que también ayuden a disminuir la violencia en estos contextos’, explica Marcial Huneeus, director de Innovación e Incidencia de Patio Vivo. Con el foco en movilizar a los niños y que cada uno encuentre su modo de entretenerse, cuenta con distintas instancias, desde barras, zona de escalada, cancha de fútbol, un circuito elevado y hasta un anfiteatro donde se pueden hacer clases o convertirse en sala de lectura al aire libre, transformando su experiencia cotidiana y la de los profesores. @patiovivo.

Paisajismo sensorial.

Un encargo muy especial le pidieron desde el Complejo Educacional Maipú a la paisajista Andrea Betinyani. El colegio quería contar con un jardín donde pudieran trabajar con los niños en terapias de regulación emocional o con necesidades educativas, en un entorno en el que recibieran todos los aspectos positivos de estar en contacto con la naturaleza. Andrea se basó en los conceptos de balance, equilibrio, contención y amparo, y los plasmó en un diseño que conjuga distintos elementos: una espiral descendiente que acoge desde una reunión grupal a un momento de reflexión –realizada con la ayuda de la arquitecta Michelle Miranda–; un área rodeada de árboles que sirve para el trabajo; zona de juegos de equilibrio; plantación de especies medicinales, y estación sensorial con diferentes texturas, todo acompañado por una vegetación de tonalidades suaves y de baja mantención –varias nativas– que cambia en la medida que se va recorriendo, y por una caída de agua que aísla del ruido exterior y aporta a la sensación de bienestar y relajo. @paisajismo_betinyani.

JARDÍN SANADOR.

El patio n° 7 del Instituto Psiquiátrico Horwitz pasó de ser un lugar en desuso a uno vivo y terapéutico, gracias a un proyecto desarrollado con la Fundación Cosmos. Los arquitectos Valentina Schmidt y Martín Colombres fueron los coordinadores de este diseño –realizado de manera participativa– que busca el cuidado y recuperación de los pacientes por medio del contacto con la naturaleza, mejorando el encuentro con sus familias y el trabajo con el equipo de salud. Para esto crearon un recorrido por el jardín con zonas de estar, elementos para hacer ejercicio, rincones recogidos, sumando los viejos olmos y una gran parquinsonia como ejes centrales. Destacan sus fuentes de agua, plantas aromáticas, y un enorme mural con motivos del paisaje chileno cocreado con Renata Garretón, con el apoyo de Grupo Roca. ‘Nos gustaría que estos jardines sanadores se conviertan en política pública, para que todos los hospitales cuenten con esta estructura’, dicen. @fundacion_cosmos.